Relación de pareja: recetas para fracasar voluntariamente.

En el momento en que me senté ante el teclado de mi ordenador, mi idea era intentar escribir de manera muy concreta sobre las dificultades en las relaciones de pareja.  Es más, específicamente mi intención era redactar algunas líneas que recogiesen aquellos “errores” más comunes que se cometen en estas relaciones, y que suelen acarrear dolor, distanciamiento, incomprensión, y en ocasiones separaciones y rupturas. Así que me enfrasqué en revisar manuales, textos, ideas, contenidos de casos que había trabajado directamente, metodologías y terapias que podían aclarar y ayudar u orientar de alguna manera a personas que atravesaran por alguna dificultad de este tipo.

 

          Mientras leía y esbozaba algunos guiones y esquemas, añadía contenidos e intentaba estructurar todo para generar un texto sencillo y comprensible, me encontré con algo que me hizo echar el freno de mano y parar en seco ese tren cargado de teorías y referencias que ya casi habían tomado forma. Así que, como en las ediciones de los periódicos impresos del pasado siglo, mandé a parar las rotativas y decidí cambiar completamente el contenido.

 

          ¿Cuál fue el motivo del cambio? Pues un pequeño texto contenido en un libro, escrito de manera satírica y muy inteligente por uno de mis autores preferidos: Jay Haley. Como aviso para navegantes, decir que el título del texto es muy elocuente: “Cómo contraer un matrimonio infernal”. A modo de introducción, el autor realiza la siguiente reflexión:

 

Desde hace tiempo se necesitaba guía que enseñase a hacer de un matrimonio una desgracia. Algunas personas disfrutan del matrimonio, pero, ¿qué sucede con las innumerables parejas casadas que procuran tener un matrimonio desdichado, que se ven obligadas a discutir tanto y a proporcionarse mutuamente tan poco placer? Resueltas a ser desgraciadas, estas personas no tienen a quien recurrir en busca de asesoramiento. Con frecuencia se divorcian y vuelven a casarse una y otra vez. Cada matrimonio es una búsqueda para encontrar uno más horrible que el anterior”.

 

Desde luego, convendrán conmigo que este inicio promete. Y la continuación no tiene desperdicio: Haley habla de un supuesto “autor anónimo” (obviamente, él mismo) que ha estudiado en profundidad cómo provocar la desgracia matrimonial, y que ha recogido sus conclusiones en una obra llamada De cómo alcanzar la desgracia en los grupos diádicos, con especial atención al caso de las parejas casadas”.

 

Así que decidí elaborar un pequeño resumen de esa “obra” y exponerlo aquí. Y no se preocupe si se reconoce en algunas de estas líneas; aún está a tiempo: igual que se fracasa voluntariamente, hay recetas para mejorar las relaciones. “Es cuestión de querer”.

 

 

“De cómo alcanzar la desgracia en los grupos diádicos, con especial atención al caso de las parejas casadas”:

 

 

·       Planificación de un matrimonio desdichado. Lograr un matrimonio desgraciado exige un esfuerzo consciente. Hay dos maneras de iniciar un enlace con el propósito de que el sufrimiento llegue a ser inevitable: una consiste en casarse por razones equivocadas y la otra casarse con quien no deberíamos. La más conocida de las razones equivocadas para casarse es la de precipitarse en el matrimonio como medio de evitar alguna otra cosa. Para salir de una mala situación, se elige una compañía que ha de durar toda la vida. La razón errónea más común para casarse es escapar de la propia familia. Cuando no se elige al compañero por razones de compatibilidad, en pocas semanas los integrantes de la pareja no pueden seguir soportándose más uno al otro. Si están particularmente decididos a disfrutar de la aflicción, pueden añadir el embarazo como razón para casarse y abandonar la propia familia.

 

·       Cómo elegir mal a la otra persona. Fundamentalmente, la elección de una persona con quien casarse debe cumplir dos requisitos: él o ella han de presentar interesantes defectos diferentes de los propios, y además hace falta tener el propósito de reformar a esa persona para liberarla de ellos. Una vez casados, los consortes se dedicarán sin pérdidas de tiempo a reformar al otro.

 

·       Problemas de las relaciones íntimas y de las relaciones externas. Todo matrimonio puede encontrar dos terrenos propios para sacarles el máximo partido: cómo hacer el amor y cómo pelear. El mejor momento de empezar con los problemas sexuales es en los primeros años del matrimonio. El factor decisivo para provocar dificultades sexuales es el momento. Por lo general, la costumbre aconseja iniciar la actividad sexual en el momento inoportuno, en el lugar inadecuado, con la frecuencia errónea  y en la forma impropia. El novato elige una de esas equivocaciones. El experto se asegura el éxito ingeniándoselas para utilizar todas en el curso de un matrimonio. Una norma básica para tener problemas sexuales consiste en no decir al consorte qué es lo que le gusta y lo que no le gusta, y a continuación acusar a la otra persona por no proporcionarle placer.

 

·       Disputas. Las dificultades que se presentan en la relación externa son esenciales para un matrimonio infernal. Las parejas han aprendido antes a especializarse en disputas y riñas, porque han podido observar durante años el espectáculo ofrecido por sus progenitores. La desgracia matrimonial exige pelear de tal modo que nada cambie y las reyertas puedan reiterarse una y otra vez. Si se resuelve una dificultad, es necesario encontrar otra que sirva de motivo para reñir la próxima vez. Las dos maneras de poner fin a las rencillas de modo tal que vuelvan a repetirse una y otra vez se encuentran en los extremos opuestos: retraerse y enfurruñarse, o provocar una escalada de la violencia, de modo que la disputa concluya en forma muy desagradable y molesta, pero sin que nada quede resuelto.

     

            Los problemas de relación sexual, disputas, violencias y adicciones constituyen otros tantos dispositivos que deben emplearse durante toda la vida matrimonial desde el casamiento en plena adolescencia hasta los golpes lanzados desde la silla de ruedas en la vejez. Sin embargo, las diferentes etapas del matrimonio ofrecen distintas oportunidades para intensificar la aversión:

 

-         Las fases iniciales. La fase inicial es el momento oportuno para pelear con motivo de los parientes. Todavía no hay niños disponibles, y para los amoríos aún no es el tiempo. En esta etapa, el recurso esencial para activar problemas consiste en dejar que los parientes políticos se entrometan en las cosas de la pareja y a continuación pelearse por ese motivo. El triángulo formado con la suegra puede ser utilizado con todas sus variaciones clásicas.

 

-         Hijos. La llegada de un niño trae nuevas oportunidades a las parejas que están a punto de separarse porque en el hogar no reina suficiente descontento. Con la llegada de un niño la pareja tiene ahora nuevas responsabilidades que la obligan a mantenerse unida y sufrir, lo que abre nuevos caminos hacia la discordia. Existendos formas usuales de lograr la desdicha matrimonial en el instante del nacimiento:

 

a) La mujer puede ignorar al marido y preocuparse exclusivamente por el  vástago que lleva en su seno.

 

b) Mientras la mujer estimula al marido a resentirse por el bebé, él puede acrecentar el infortunio conyugal en una forma tan común que apenas si es necesario describirla. En ese momento la esposa se encuentra más vulnerable, se siente desgarbada, torpe y poco atractiva. El esposo debe elegir ese momento para alzar el vuelo y entregarse a los placeres de la vida. Puede eclipsarse con otras mujeres, beber demasiado, y compartir la experiencia del nacimiento no estando allí.

 

-         Amoríos. A medida que los niños crecen, los casados deben encontrar otros recursos. Un amorío suele ser la mejor posibilidad de incrementar la desdicha, pero ha de ser con una aventura que realmente provoque aflicción al consorte. Los amoríos se dividen en tres:

 

ü  Maligno: Es el amorío que se tiene con el mejor amigo o amiga, o en el caso extremo, con un pariente del consorte. También es buen candidato un empleado valioso si así se pone en peligro la seguridad de la empresa y la estabilidad económica de la familia.

 

ü  El amorío desconcertante: Es el mejor si uno tiene un consorte excesivamente confiado. El plan consiste en inclinarse al romanticismo con alguien que, por constituir una elección totalmente imprevisible, desconcierta. Por ejemplo, un hombre casado con una mujer elegante y refinada puede tener una aventura con una mujer pegajosa e inculta y jactarse de ella ante las amigas de su esposa. El mérito del amorío desconcertante radica en que provoca amargura, pero también incertidumbre.

 

ü  El amorío mítico: Permite obtener la desdicha matrimonial sin tener que someterse a la molestia de buscar realmente una relación con una tercera persona. Para alcanzar el objetivo basta que uno de los consortes se convenza de que hay una aventura en curso.

 

-         Luchas maritales en la vejez. Cuando los niños son adultos y uno está demasiado viejo para amoríos, ¿cómo se puede mantener la desgracia? Toda pareja casada durante muchos años ha desarrollado tal arsenal propio y ha llegado a discutir tan habitualmente, que sólo necesitan un mínimo de signos y señales para provocar los más amargos sentimientos. Muchas parejas de ancianos sólo necesitan decir una palabra en código para recordar y experimentar todos los sentimientos dolorosos del caso, sin necesidad de recurrir a la pelea misma.

 

Así que ya lo sabe: si quiere que su relación de pareja no tenga la más mínima posibilidad de sobrevivir, no tiene más que seguir las recetas que le ofrece Haley. Los ingredientes los tiene a mano.

 


Oswaldo Paz Pedrianes


Complementario.



Parejas en situaciones especiales


José Navarro Góngora es profesor de Terapia Familiar y de Pareja y de Salud Mental Comunitaria en la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca.


José Pereira Miragaia es coordinador de Salud Mental de Telde, en Las Palmas de Gran Canaria, además de tener una extensa experiencia en el tratamiento de pacientes psicóticos y de familias en proceso de ruptura.


          Temas como las parejas del mismo sexo, la violencia sexual en parejas, la enfermedad física y la pareja, la violencia física, la infidelidad, la ruptura familiar, la mediación y la reconstitución familiar, son relativamente poco frecuentes desde el punto de vista normativo. Sin embargo, componen una minoría importante de problemas en la consulta general de salud mental, con la característica común de ser de difícil tratamiento. Son temas que exigen conocimientos y técnicas de intervención muy precisas más allá de los procedimientos generales de modelo de escuela con que está dotado todo profesional. El texto aborda todos estos problemas analizando, primero, sus fenómenos característicos, y ofreciendo, a continuación, líneas maestras para su abordaje terapéutico. Los autores consideran importante añadir que el punto de vista adoptado es el de considerar a la pareja como el lugar del recurso, a pesar de que sea en ella donde los problemas surgen o bien terminan por manifestarse.



 Oswaldo Paz Pedrianes


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