Brevemente

Vísteme despacio, que tengo prisa”. Seguramente todos hemos escuchado esta expresión alguna vez. Lo que más o menos viene a significar es que cuanta más prisa tengas para realizar algo, con más calma y de manera más segura has de ir en los pasos previos, ya que si intentas recorrer esos pasos muy rápidamente, seguramente cometerás algún error que hará que tengas que emplear una mayor cantidad de tiempo para subsanarlo.

 

          En publicaciones anteriores en este blog hicimos referencia a la Terapia Centrada en Soluciones, y nombramos y recogimos los postulados de algunos autores como W. Hudson O’Hanlon y M. Weiner-Davids. Estos autores y otros profesionales contemporáneos a ellos abrieron las puertas a un estilo de terapia que hacía hincapié en la brevedad de las intervenciones. La idea que transmitían es que es “conveniente, positivo e incluso necesario tratar de hacer más corta cualquier terapia”.

 

Posiblemente en España, uno de los psicólogos que más ha profundizado en la Terapia Breve sea Mark Beyebach, quien indica que cuando se habla de acortar la terapia se hace referencia a tratar de hacerla lo más corta posible. Esto no quiere decir que necesariamente todas las terapias deban tener una duración reducida. La duración de la intervención en el tiempo, la duración de las sesiones y el espacio entre sesiones dependen de varios factores: las preferencias teóricas de los terapeutas, la naturaleza de los programas que se apliquen, el tipo de problemática que se esté tratando y las características y preferencias de los propios consultantes. Sí es importante resaltar que cuando se hace referencia a acortar la psicoterapia no implica que esto suponga una merma en su eficacia.

 

Beyebach expone una serie de argumentos a favor de un tratamiento breve:

 

  • Desde el punto de vista de los consultantes: acortar la terapia supone acortar su sufrimiento, no prolongar innecesariamente la ansiedad y la angustia que se asocia a casi cualquier problema psicosocial. Se trata de que los consultantes resuelvan o manejen antes sus problemas, lo que se traduce en una recuperación más rápida de un funcionamiento satisfactorio en el ámbito personal, familia o laboral.

 

  • Desde el punto de vista como terapeutas: acortar una psicoterapia permite que los consultantes recuperen antes su competencia personal, que restablezcan antes su capacidad de funcionar autónomamente y sin la ayuda de un experto externo.

 

  • Desde el punto de vista de la gestión de recursos: acortar las intervenciones permite atender una demanda mayor y aprovechar mejor los recursos profesionales existentes.

 

    Al inicio de su libro 24 ideas para una psicoterapia breve, Beyebach hace un repaso a los principios teóricos que estima necesarios para una terapia breve eficaz. Destaca que las premisas teóricas que utiliza son de tipo constructivista-construccionista, sistémico y centrado en soluciones. El autor realiza una agrupación de las creencias que tenemos sobre la psicoterapia, nuestra toma de posición ante los consultantes y sus problemas, recogiéndolas en una serie de principios teórico-prácticos que recogemos a continuación:

 

  • El cliente (casi) siempre tiene la razón. Es un planteamiento básicamente no-normativo. Propone que tratemos de respetar la idiosincrasia de los consultantes y sus preferencias, no imponiéndoles un principio de normalidad: son los consultantes los que deciden cuándo tienen un problema y son también ellos los que deciden cuándo dejan de tenerlo.

 

  • Comprender un problema está bien. Ayudar a solucionarlo, aún mejor. Es necesario transmitir a los consultantes que entendemos sus problemas, pero lo fundamental en terapia es ayudarles activamente a solucionarlos.

 

  • No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Intervenimos desde el primer momento, desde el primer contacto (es imposible no intervenir). Todas nuestras intervenciones están encaminadas a acortar la terapia. Esto conlleva varias implicaciones:

 

-          En terapia breve, evaluación e intervención van íntimamente unidas y se producen desde el inicio de la terapia.

 

-          Empezamos cada terapia preguntándonos cómo y cuándo terminarla.

 

-          Cada sesión con los consultantes, incluso la primera, puede ser la última, por lo que hay que intentar que tengan un cierre y un efecto terapéutico autónomo.

 

  • En caso de duda, elige lo más simple. La “navaja de Ockham”: elegimos siempre la opción más simple a la hora de interpretar la conducta de nuestros consultantes y a la hora de elegir cómo intervenir.

 

  • Todo es relación. En psicoterapia la intervención siempre tiene lugar desde la relación. De nada sirve diseñar una tarea espectacular si el consultante no confía aún en el terapeuta. Así, la terapia es un proceso continuo de construcción de la relación. Como terapeutas debemos monitorizar el estado de la relación con nuestros consultantes y adaptar nuestras intervenciones a él. Para la Terapia Breve Centrada en las Soluciones, es preferible adoptar la posición cercana de un terapeuta que se conduce con cordialidad, con cierta informalidad y con sentido del humor (posición de “no experto”), más que una figura de autoridad y experto. Pero sí debemos ejercer el rol de experto en la conducción de conversaciones terapéuticas, como “guardias urbanos” regulando la comunicación.

 

  • Lo que no mata, engorda: el principio de utilización. La relación terapéutica es necesariamente co-construida, por lo que también dependerá de los planteamientos y estilo relacional de los consultantes. Por ello, hay que lograr el ajuste con los consultantes y aprovechar de forma terapéutica su idiosincrasia. Hay que lograr ese ajuste ayudándoles a conseguir sus objetivos trabajando desde su postura y usando su lenguaje.

 

  • Es más respetuoso, y más eficaz, ver a los consultantes como aliados, no como adversarios: la “muerte de la resistencia”. Desde esta perspectiva no resulta útil el concepto de “resistencia”, la creencia de que los consultantes se oponen al cambio por los motivos que sean. Es preferible pensar que cualquier persona con la que trabajamos en terapia colabora de la mejor manera que puede con nosotros.

 

  • Aprovechar al máximo los recursos de los consultantes. Es imprescindible confiar en los recursos de nuestros consultantes, creer en sus capacidades y en sus posibilidades. Para ello hay que estar atentos a las “excepciones” (cuando se espera el problema pero éste no se da) y a las soluciones que los propios consultantes ponen en marcha de forma exitosa, así como valorar los éxitos que han tenido en el pasado en su lucha con los problemas.

 

  • Aprovechar al máximo la matriz relacional y la red social de los consultantes. Tratar de contar con la participación de varias personas en la terapia no como parte del problema, sino de la solución (familia nuclear, familia extensa, amigos, otros profesionales involucrados en el caso, etc.).

 

  • Vísteme despacio que tengo prisa. Hacer breve una psicoterapia no consiste en tratar de ir muy deprisa. Esto implica varias consecuencias:

 

-          Es más fácil alcanzar objetivos pequeños, por lo que debemos tratar de establecer metas pequeñas y concretas.

 

-          No intentar grandes transformaciones, sino propinar pequeños cambios y luego ayudar a que se mantengan y amplíen.

 

-          El cambio, en realidad, es constante e inevitable.

 

-          Si dudamos entre varias intervenciones, tareas o temas de conversación, tendemos a dar preferencia a la más simple y a buscar la intervención mínima (principio de sencillez).

 

  • No es posible cambiar a los consultantes, se cambian ellos mismos. El efecto de nuestras intervenciones dependerá de lo que los consultantes quieran y puedan cambiar. Nuestra tarea, pues, no es producir cambios, sino co-construir con las personas con las que trabajamos contextos en los que los cambios resulten más probables. Podemos actuar como facilitadores y catalizadores del cambio, pero los verdaderos agentes de cambio son los consultantes (“Toda terapia es autoterapia”).

 

  • Los principios están para saltárselos. Los principios expuestos anteriormente son creencias generales, pero lo importante es el consultante, la situación en que se encuentra y la forma en que interactúa con el terapeuta. Por eso siempre habrá excepciones respecto a los principios presentados anteriormente, en la que algunos de ellos no sean útiles. Por ello es importante que sepamos “controlar” nuestras creencias preferidas.

 

 

Hemos intentado en los párrafos anteriores presentar un esquema lo más completo posible del  “marco teórico” de la Psicoterapia Breve según la visión de Beyebach. Esperamos que estas nociones básicas sean útiles a todo aquél que esté interesado en profundizar en este modelo terapéutico.

 

 

Oswaldo Paz Pedrianes


Complementario.


24 ideas para una psicoterapia breve” es una propuesta polivalente del psicólogo Mark Beyebach. Puede usarse como un verdadero manual de terapia sistémica breve –que será también muy útil a terapeutas de otras corrientes- y como se lee Rayuela, la genial novela de Julio Cortázar, eligiendo un capítulo u otro en función de los intereses de cada lector.


Clara y bien estructurada, esta obra detalla en cada capítulo en qué consisten las técnicas presentadas, para qué pueden servir y qué conviene tener en cuenta a la hora de utilizarlas. Un sinfín de ejemplos de casos ilustra lo expuesto, que también se acompaña de las investigaciones que lo apoyan. El autor explica asimismo las premisas terapéuticas que subyacen en la mayoría de las técnicas mencionadas, que en su diversidad tienen un hilo conductor: la intención de que la psicoterapia sea lo más breve posible, sin menoscabo de su eficacia.



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