El miedo

        La primera acepción de la definición de “miedo” en el diccionario de la lengua de la Real Academia Española es la siguiente: "Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”.

 

          El miedo es un “arma de doble filo” para el ser humano. Puede activar, y puede paralizar. Puede inhibir, limitarte, pero puede hacer que reacciones con fuerza. Por una parte, ha sido un elemento clave en su evolución y supervivencia. Desde que vivíamos en cuevas y nos dedicábamos a la caza y la recolección, el miedo nos permitió sobrevivir ante los peligros que nos acechaban. Ante un depredador, el miedo generaba en el organismo la activación de todo un sistema de alerta (secreción de determinadas hormonas, tensión muscular, aumento de la presión sanguínea, aumento de la acción cardiaca y pulmonar, incremento de la glucosa en sangre, etc.) que producía lo que se conoce como reacción de lucha o huida, que es una respuesta fisiológica ante un peligro. Es la respuesta fisiológica ante el estrés.

 

Así, ante un riesgo o daño “real”, el estrés, el temor, el miedo, cierto grado de ansiedad, nos “ayuda” a activarnos y enfrentarnos a esa situación, y resolverla. Pero, por otra parte, ¿Qué pasa cuando no somos capaces de resolverla, de afrontarla? ¿O cuando el riesgo o daño es “imaginario”? Pues que si no somos capaces de “vencer” ese miedo, de gestionarlo productivamente, de imponernos a él, tendremos serios problemas. Estaríamos hablando de una gran variedad de situaciones producto de ello: desde una baja autoestima, hasta dificultades para desenvolvernos socialmente, poder relacionarnos, desempeñar nuestro trabajo, aparición de fobias, etc. En definitiva, el miedo nos limita, nos impide crecer y desenvolvernos adaptativamente en nuestro desarrollo personal y social si no somos capaces de manejarlo adecuadamente, teniendo que recurrir en ocasiones a la ayuda de especialistas.

Otras veces es suficiente con tomar conciencia, ponerse en pie y presentar batalla. En esto pensaba cuando visionaba el video que acompaña a esta reflexión. Espero que lo disfrutéis.

 

Oswaldo Paz Pedrianes.