Motivaciones (disfuncionales) para ser terapeuta.

Hablábamos en un post anterior sobre la importancia de la motivación en todos los ámbitos de la vida a la hora de lograr objetivos y crecimiento personal y profesional. Centrábamos el debate en las motivaciones que empujan a alguien hacia el ejercicio de la psicología y la terapia. Y citábamos a James D. Guy, quien distinguía entre características que se han de poseer (“motivaciones funcionales”), y  características perjudiciales(“motivaciones disfuncionales”), habiendo profundizado en las motivaciones funcionales.

 

            Abordaremos aquí ahora, siguiendo la propuesta de este autor, las otras motivaciones que identifica a la hora de inclinarse hacia esta profesión: las disfuncionales.

  

MOTIVACIONES DISFUNCIONALES

  

  • Buscar, por medio de su trabajo, alcanzar un mayor dominio sobre sus problemas personales.

     

- Deseo del futuro terapeuta de comprenderse mejor a sí mismo y de superar los propios problemas personales (autocuración).

 

- Si los problemas personales no se han resuelto cuando se empieza a ejercer, pueden interferir con el desarrollo de la terapia.

 

- Evidentemente, el objetivo de la psicoterapia debe ser ayudar a nuestros pacientes a solucionar sus problemas, no que ellos nos ayuden a solucionar los nuestros.

 

 

  • Manejo vicario: tratar de que otros solucionen problemas que él mismo (el terapeuta) no puede solucionar.

     

- Deseo de ayudar a otros a superar problemas no superados en la propia vida.

 

- Tiene que ver con lo anterior, aunque se trata de un matiz diferente: insistirá en que el paciente consiga objetivos que tienen sentido o interés para el propio terapeuta. Usa al paciente de “perro lazarillo” para que avance por “campos minados” para él (Ej: el terapeuta mira cómo el paciente intenta superar problemas que le generan ansiedad a él: relaciones personales, dejar de fumar…).

 

 - Esto puede llevar al profesional a adoptar una posición voyerista en la relación terapéutica que difícilmente beneficiará al paciente.

 

 

  • Buscar mediante la práctica de la psicoterapia tener relaciones sociales o personales, intimar con gente...

     

- Deseo de superar la sensación de soledad mediante el contacto con otras personas (los clientes) en un marco estructurado y seguro, dada la unidireccionalidad de la relación.

 

- Esta motivación resulta perjudicial tanto para el ejercicio de la profesión como para la vida personal del terapeuta.

 

 

  • Deseo de poder y dominio sobre los demás.

     

- Aquellos terapeutas que sienten una necesidad de influir y controlar a los demás, tendrá dificultades para respetar el derecho del cliente de tener su propia opinión y autonomía.

 

- Cuando el terapeuta no consigue una distancia apropiada de ese poder, la idealización del mismo que realiza el cliente puede producir en el terapeuta una tendencia general hacia la agresividad, el dominio y la explotación de los demás en sus relaciones personales.

 

  

  • Necesidad desmesurada de dar amor o de sentirse amado.

     

- La necesidad de expresar cariño puede ser funcional en el ejercicio de la terapia, pero también puede ser perjudicial  cuando va acompañada de un afán mesiánico o cuando el terapeuta entiende que su amor y aceptación, por sí mismos, son agentes curativos.

 

 

  • Deseo de rebelarse contra la autoridad.

     

- Algunos pueden sentires atraídos por esta profesión porque ofrece una oportunidad segura para expresar sus necesidades de rebelarse y atacar a la autoridad.

 

- Esto puede hacerse sin problemas en el marco seguro de la terapia, pero puede conducir a recomendar a los pacientes cosas contrarias a sus intereses (Ej: hacer frente a un jefe “tiránico”…)

 

 

 

Parece evidente que quien se haya encaminado hacia el desempeño de la terapia con estas motivaciones es probable que en vez de proporcionar ayuda, produzca daño.

 

Oswaldo Paz Pedrianes



Complementario.

La vida personal del terapeuta.

El impacto de la práctica clínica en las emociones y vivencias del terapeuta.

James D. Guy

            Describe los factores que confluyen en la elección de la carrera de psicoterapeuta y, a la vez, las características que determinan si una persona es adecuada o no para una profesión de este tipo. No sólo presenta información sobre los beneficios que la psicoterapia puede reportar a quien la ponga en práctica –el autocontrol, la seguridad en uno mismo, la capacidad de introspección, la sensibilidad, la tolerancia, etc.-, sino que también se dedica a consignar sus inconvenientes, los perjuicios que puede ocasionar: la ansiedad, la depresión, la tensión emocional, la soledad y el cansancio, entre otros.

De esta manera resulta comprensible que, para muchos de os que la practican, la psicoterapia sea una profesión satisfactoria y provechosa, mientras que para otros, esté más bien relacionada con el aislamiento físico y psíquico. A partir de ahí, la obra de Guy se erige en exhaustivo resumen de la más reciente investigación sobre los efectos que ejerce la psicoterapia en los profesionales de la especialidad y, simultáneamente, en utilísima guía para todos aquellos que deseen disfrutar de una larga y fructífera carrera.



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